La mundialización de la economía fue un proceso que se intensificó de modo extraordinario desde finales del siglo XIX y que ha continuado ininterrumpidamente hasta la actualidad. El desarrollo industrial y capitalista impulsó una interrelación de la economía mundial cada vez más estrecha. La producción de las grandes potencias industriales llegaba a todo el mundo, apoyada por la revolución de los transportes. Europa y Estados Unidos producían y exportaban mano de obra, manufacturas, capitales y servicios como nunca lo habían hecho con anterioridad.
La expansión del capitalismo, desde las últimas décadas del siglo XIX, se llevó a cabo mediante la formación de un mercado internacional. Si el tráfico entre las naciones era de 2.000 millones de libras a principios del siglo XIX, en 1900 alcanzaba un volumen de 100.000 millones. A lo largo de un siglo, Gran Bretaña había multiplicado su comercio exterior por 14; Francia, por 15; Alemania, por 34; y Estados Unidos, por 149. Era la época del mercado mundial.
Esta nueva forma del sistema capitalista se caracterizaba por estar sometido a unos ritmos cíclicos, en los que se alternaban períodos de expansión del crecimiento y de la producción con etapas de depresión y crisis. Estos fenómenos fueron inherentes al nuevo sistema económico desde sus inicios, pero su magnitud y sus consecuencias se fueron ampliando a medida que la economía mundial iba estando más interrelacionada.
Las crisis económicas en las sociedades preindustriales eran crisis de escasez: las malas cosechas reducían la cantidad de productos agrarios en el mercado y, consecuentemente, se producía una subida de precios. Las crisis del nuevo sistema capitalista eran, por el contrario, crisis de superproducción industrial. El problema era siempre el mismo: las empresas producían por encima de las posibilidades de consumo; y, al existir en el mercado más mercancías de las que la demanda era capaz de consumir, bajaban los precios, descendían los beneficios y aumentaba el paro entre los trabajadores. Las crisis de este nuevo capitalismo se producían aproximadamente cada diez años.
1. Crisis de sobreproducción.
En 1873 se produjo una gran crisis económica; al principio se pensó que sería de poca duración y similar a las ya conocidas. Pero esta nueva recesión inauguró un largo período que los contemporáneos denominaron, por primera vez, Gran Depresión.
La agricultura fue la primera víctima de la crisis, precisamente porque la producción agraria se estaba incrementando de forma notable. Millones de emigrantes europeos se habían dirigido a territorios de ultramar (Estados Unidos, Australia, Argentina, etc.), en los que el acceso a la propiedad de la tierra era más fácil. Las favorables condiciones naturales de estos nuevos países y la aplicación del vapor al transporte interoceánico fueron las causas de que los mercados europeos se vieran invadidos de productos agrarios que eran producidos con costes menores y vendidos a precios más bajos. Las consecuencias para los agricultores europeos fueron dramáticas: vieron cómo los precios y los beneficios descendían hasta un 30%. El número de campesinos, que disminuía conforme avanzaba la industrialización, se redujo aún más en todos los países europeos.
2. Crisis especulativa.
El sector industrial y financiero siguió la misma pauta que el sector agrario durante dos largas décadas. Sin embargo, durante bastante tiempo el descenso de los precios no fue acompañado de una disminución de la producción, a consecuencia de los grandes beneficios derivados de la inversión en la construcción de líneas de ferrocarril. Sin embargo, la era del boom ferroviario tocaba a su fin. En 1873, el crash de la Bolsa de Viena fue seguido de quiebras bancarias en los grandes países industriales: Alemania, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. Y, como consecuencia, en todos estos países se produjo un aumento del paro y un descenso de los salarios.
El resultado de esta larga crisis de la economía mundial fue el descenso de los precios: el 32% en Gran Bretaña, el 40% en Alemania, el 43% en Francia y el 45% en Estados Unidos. La magnitud del paro obrero que acompañó a la Gran Depresión, y que en Gran Bretaña llegó a alcanzar un 10%, era un hecho desconocido hasta entonces. Las consecuencias de estas crisis repercutieron también en las estructuras sociales y políticas de todos los países. Se intensificó la competencia entre las empresas para reducir los costes de producción. También aumentó la rivalidad entre las principales potencias para controlar los recursos económicos y los mercados del mundo extraeuropeo. La mayor parte de los países industriales pusieron en práctica una política económica proteccionista.
La acumulación de stocks, la bajada de precios y el cierre de empresas rápidamente se tradujeron en una disminución de los beneficios. Frente a ello, el Capitalismo cambió de rostro, del libre mercado al monopolio, de la libre concurrencia a la competencia feroz, de la empresa de mediana dimensión a la concentración industrial (vertical y horizontal) y las fusiones estratégicas (control de precios y mercados específicos) y la conexión entre Banca e Industria.
Disminuye la producción → Bajan los precios → Descienden los beneficios
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Quiebras (bancos e industrias)
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Despidos, aumento del paro / Bajada de los salarios.
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Bajada del consumo.
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Disminuye la producción, bajan los precios, descienden los beneficios.
Puedes ampliar la información sobre los ciclos económicos en la entrada. Los ciclos económicos. Las crisis del capitalismo industrial del siglo XIX.







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